5.

Una oficina electoral independiente debería supervisar la elección de los titulares de cargos a puestos clave en la Iglesia.

Colegio Electoral Independiente

Popes should reflect Jesus' love for people La salud de la Iglesia depende mucho de que las personas que ocupan los puestos directivos que sirven al Pueblo de Dios sean personas espirituales y competentes. Un Colegio Electoral internacional independiente debería supervisar la correcta implementación de las normas que se establecieran para la elección y/o selección de los principales puestos directivos, tal como señala el Sínodo de Obispos.

Los procedimientos para la elección y/o selección de puestos directivos en la Iglesia deberían reflejar, lo mejor posible, los principios modernos de imparcialidad democrática, responsabilidad y transparencia. Rechazando al mismo tiempo con firmeza la interferencia de los gobiernos civiles en el nombramiento de los puestos directivos de la Iglesia (1), el Concilio Vaticano II recomendaba procedimientos democráticos limpios en las elecciones políticas (2). Por ello, implícitamente, el Concilio deseaba que estos valores prevalecieran también en la mayoría de los nombramientos de la Iglesia.

Tales criterios deberían aplicarse especialmente en la elección de los obispos. La imposición de manos u ordenación sacramental, según  prácticas de la Iglesia primitiva, era claramente diferente del procedimiento de elección de un candidato para obispo. Como antaño, este procedimiento debería hacer partícipes al pueblo local y a los clérigos de la diócesis. La elección debería ser conforme a los modelos democráticos modernos.

El colegio cardenalicio tiene una función crucial en la Iglesia, ya que es el que elige al futuro Papa. Por ello, las normas de selección de los cardenales deberían ser justas y transparentes. Los cardenales deberían ser elegidos de entre los obispos residenciales, y no de entre los funcionarios de la Curia Romana.

Asimismo, los miembros de los Comités Internacionales de expertos deberían ser elegidos por su pericia, y seleccionados por sus iguales. A fin de cuentas, los expertos sólo servirían bien a la Iglesia, si no se dedican a repetir ciegamente el punto de vista de las autoridades eclesiásticas, sino que presentan sinceramente los resultados obtenidos de sus investigaciones profesionales (3).

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    Muchos católicos desean —y según parece, también Benedicto XVI— que el obispo de Roma sea libre, según la voluntad de Cristo, no sólo a la hora de nombrar obispos en la Iglesia Católica Romana, sino también en el momento de su destitución. Esta es una suposición incorrecta, tal y como queda patente de un modo evidente en la eclesiología que se percibe por ejemplo en el reciente despido  del obispo Morris.

    Desde los inicios de la historia de la Iglesia, los obispos eran elegidos por los laicos y clérigos de las diversas iglesias o diócesis locales, incluido el caso del obispo de Roma.quotes

    Professor Richard McBrien -- ¡lea sus palabras!

  • Professor Joseph O'Callaghan
    La Iglesia tomó prestadas las prácticas institucionales del Imperio Romano, y el papado es el único caso de las monarquías absolutas que dominaron la Europa Occidental que permanece, desde hace ya unos siglos. No hay razón para que la Iglesia no adopte los procedimientos democráticos de elección y gobernanza representativa. Sugerir que estas políticas no son inherentes a la vida de la Iglesia denota que se ignora su propia historia. Aristóteles describió a los seres humanos como animales políticos y nosotros sabemos que por su naturaleza, los seres humanos actúan políticamente. Nos podemos preguntar qué hacían los cardenales en Roma antes de que eligieran a Benedicto XVI, si eso era o no un acto político. El politiqueo es una rutina de todos los días para la élite que detenta el poder en la Iglesia de hoy y que piensa que no tiene por qué dar cuenta al conjunto de los fieles sobre todas esas actividades políticas que lleva a cabo.quotes

    Professor Joseph F. O’Callaghan -- ¡lea y oiga!

NOTA 1. “Puesto que el ministerio de los Obispos fue instituido por Cristo Señor y se ordena a un fin espiritual y sobrenatural, el Sagrado Sínodo Ecuménico declara que el derecho de nombrar e instituir a los Obispos es propio, peculiar y de por si exclusivo de la autoridad eclesiástica competente.  Por lo cual, para defender como conviene la libertad de la Iglesia y para promover mejor y más expeditamente el bien de los fieles, desea el Sagrado Concilio que en lo sucesivo nunca más se concedan a las autoridades civiles ni derechos ni privilegios de elección, nombramiento, presentación o designación para el ministerio episcopal. Concilio Vaticano II, Christus Dominus § 20.

NOTA 2. "Es perfectamente conforme a la naturaleza humana que se encuentren estructuras jurídico-políticas que ofrezcan siempre a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna, mayores posibilidades concretas de tomar parte libre y activamente, sea en la determinación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, sea en la gestión de los asuntos públicos, sea en la fijación de los campos de acción y de los límites de los diversos organismos, como también en la elección de los mismos dirigentes. Recuerden, por consiguiente, todos los ciudadanos su derecho y, al mismo tiempo, deber de emplear su voto libre para promover el bien común." Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes § 75.

NOTA 3. "Pero, para que puedan llevar a buen término su tarea, debe reconocerse a los fieles, clérigos o seglares, la justa libertad de investigación, la libertad de pensar y la de expresar humilde y valerosamente su manera de ver en aquellas materias en las que son expertos." Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes § 62.

ENDOGAMIA DE LIDERAZGO

Controlando el proceso de nombrar a todos los principales puestos directivos en la Iglesia, el Papa y un número pequeño de ayudantes en la Curia romana, de hecho, están perpetuando líderes a su imagen y semejanza. Solamente una reforma drástica en este terreno puede hacer posible una reforma general, y salvar  de este modo la Iglesia del futuro.

LEALTAD ¿A QUÉ?

El método que está siendo un éxito para restringir el liderazgo a hombres, varones y de un mismo tipo de pensamiento, es un examen, obligatorio, y secreto, respecto de su lealtad institucional, bajo juramento. Dicho juramento es obligatorio antes de que los candidatos a obispo sean nombrados obispos. Este juramento exige fidelidad a las doctrinas y prácticas que patrocina la élite actual de la de la Iglesia, aunque no sean, en absoluto, parte de la fe revelada ni siquiera de algunas viejas tradiciones católicas.

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