Archivo por meses: abril 2013

El Vaticano cerca de una encrucijada crítica con la Conferencia de Lideres de Religiosas de Estados Unidos

El Vaticano cerca de una encrucijada crítica con la Conferencia de Lideres de Religiosas de Estados Unidos (LCWR-Leadership Conference of Women Religious)
Editorial del National Catholic Reporter
Kansas City, Missourí. Estados Unidos.
19 de Abril de 2013

“Una Iglesia que no sale de sí misma, tarde o temprano, se enferma por el aire malsano del encierro” escribió el papa Francisco, en una carta que envió el jueves a sus compañeros obispos argentinos. Es un mensaje similar al que dedicó a los cardenales antes del cónclave y que impresionó tanto, que lo eligieron obispo de Roma. En esta nueva nota comentó, que en esa salida de sí misma, la Iglesia tiene siempre el riesgo de caer en “accidentes, pero prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma”.

Una Iglesia accidentada dispuesta a correr riesgos en los márgenes dedicada al servicio de los más necesitados… una Iglesia trabajando por la misericordia, la paz y la justicia… Una Iglesia que se parece mucho a la que han construido las religiosas americanas en las últimas décadas. No sólo las americanas sino las religiosas en el mundo entero. Son las personas que viven cerca de los marginados, las que trabajan en la periferia; son las mujeres que están en el lugar que quiere el Papa para su Iglesia.

¿Cual ha sido su premio? ¿Las han ayudado? ¿Las han felicitado las jerarquías eclesiásticas? No, sino todo lo contrario. Estas mujeres llenas de fe, han sido con frecuencia cuestionadas y manchadas con acusaciones de presunta infidelidad. Lo más irónico de la cuestión es que las acusaciones han venido de las filas de los varones que han infligido a la Iglesia el mayor daño, repitiendo patrones de cubrir a los que cometieron abusos sexuales. Los cristianos deben estar dispuestos a sufrir persecuciones y siendo voz para los pobres, los marginados, homosexuales y las mujeres jóvenes embarazadas no es improbable que lo sean. Las religiosas han trabajado incesantemente para asistir y representar a todas estas personas sin voz.

Aunque las persecuciones vienen de trabajar y vivir en esta Iglesia de “accidentada”, no habría que esperar que los ataques vinieran del propio clero, pero es lo que ha pasado. Parapetados tras exageradas acusaciones de infidelidad, algunos obispos lo que han demostrado es ignorancia y en el proceso han abusado de su autoridad, que era lo más fácil. La “toma” de la LCWR por la Congregación Vaticana de la Doctrina de la Fe tras una larga “evaluación doctrinal”, para los católicos ha significado, mucho menos, un tema doctrinal y, mucho más, una obediencia episcopal.

Las propias religiosas así lo ven. Y muchos nos damos cuenta de que muchos prelados se sienten incómodos con mujeres, con lo que se apartan de ellas. La consecuencia de este comportamiento es que se incrementan el miedo y los malentendidos. Solo abiertas discusiones, al mismo nivel, pueden devolver a la Iglesia su salud. Necesitamos conversaciones en las que los varones y mujeres católicos, religiosos, clero y laicos, puedan expresarse con libertad en un espíritu de ayuda mutua para su fe y su vida. Sería una experiencia sanadora y se tiene que realizar en todas las diócesis del país. Constituiría un buen paso.

Nuestras religiosas son las más teológicamente educadas de la historia de la Iglesia. Las diferencias de su pensamiento con el de los obispos no tienen mucho que ver con la fe y la doctrina, sino con la estructura eclesial, las aplicaciones de la enseñanza de la Iglesia y la misión. En todo lo demás, hay un gran fondo de común acuerdo.

El primer paso es reconocer que las mujeres tienen los impulsos necesarios para devolver a la Iglesia “enferma”, de la que habla el Papa, la salud. Sin su participación comprometida en las discusiones, hay poca esperanza de que se pueda recobrar la lozanía. Más fundamental es que la discusión entre el Vaticano y la LCWR, al final nos hace preguntarnos si el sistema actual de decisiones de varones clérigos es capaz de sostener la vida de la Iglesia del siglo XXI. Muchas personas, piensan que no es posible.

El camino que ha tomado el Vaticano de impedir a las religiosas de escoger su modo de vida y el deber de contar con la colaboración de los obispos, amenaza la vida de la Iglesia. Con lo que al final es un asalto a todos los católicos y a todas las mujeres. Estamos pasando un momento peligroso. La controversia que se manifiesta entre el Vaticano y las religiosas plantea una cuestión: ¿puede nuestra Iglesia mantener a mujeres expertas en teología, entre el pueblo? Es más ¿puede atraer a este tipo de mujer dedicada? Las estamos perdiendo a una velocidad mayor de la esperada y para constatarlo no hay más que preguntar a cualquier padre de una hija joven.

La evaluación del Vaticano sobre la LCWR, parece que de momento, ha contado con la aprobación del Papa, lo que supone un golpe a su interés de restaurar comunidad y salud a la Iglesia. Si el Vaticano insiste en su “toma “ de la LCWR, el grupo no tendrá más remedio que terminar su relación canónica con la institución pues la votación, prácticamente unánime, que se celebró en agosto decidió continuar el diálogo con los obispos, en la medida que el esfuerzo no comprometiera la integridad de la LCWR. Pues al final no se trata de obediencia sino de dignidad y derechos de las personas en la Iglesia, que nacen en el bautismo.

Nos estamos aproximando peligrosamente a un punto de ruptura, lo que algunos celebrarán, pero su satisfacción será bien corta. Esa ruptura mandará una señal, que se propagará a lo largo de la Iglesia y es que la más importante federación de las religiosas de USA han concluido, que la fidelidad a su conciencia y a los valores del evangelio, requieren separación. Sería un duro golpe para todos los católicos.

La LCWR, canónica o no, en realidad o en espíritu, continuará a servir a nuestras comunidades con religiosas y a través suyo, a las necesidades de los seres humanos. Seguirán siendo católicas a pesar de los esfuerzos de algunos por colocarlas fuera. Habrán concluido su dedicación a la Iglesia para dedicarse a una misión que exige su separación. Acusaciones y contraacusaciones continuarán, pero una honesta evaluación encontrará que las mujeres actuaron siguiendo los mandatos más profundos de su alma, dentro de un espíritu de comunidad, dedicación y amor. También descubrirá que el problema final no tenía nada que ver con la doctrina, sino con la fidelidad a los ideales del Evangelio, los mismos que el Papa Francisco predica todos los días,

http://ncronline.org/node/50081

La Iglesia no se arregla sólo cambiando de zapatos José Mª Castillo, 09-Abril-2013

La Iglesia no se arregla sólo cambiando de zapatos

En todo el mundo han sido noticia las nuevas costumbres que el papa Francisco ha introducido en la imagen pública que el sucesor de Pedro ofrece ante el mundo. Nadie duda ya que el papa se parece cada día más a un hombre normal, sin los zapatos rojos de Prada y cada vez con menos indumentarias de ésas, tan llamativas como trasnochadas. Por supuesto, esto es de elogiar, Y expresa que este papa tiene una personalidad fuerte, original, ejemplar. Un papa es importante, no por su imagen pública, sino por su ejemplaridad. Es evidente que el papa Francisco tiene esto muy claro. Por eso lo admiramos, lo aplaudimos, lo sentimos más cerca. Y esperamos mucho de él.
Por supuesto, yo no soy quién para decirle al papa lo que tiene que hacer. ¿Quién soy yo para eso? De todas maneras, y con toda la modestia y humildad que me es posible, me atrevo a sugerir que solamente con simplificar la vestimenta y modificar algunas costumbres, se puede pensar que la Iglesia no se arregla. Será noticia, eso sí. Sobre todo entre personas y grupos más tradicionales. Algunos ya han puesto el grito en el cielo porque, el pasado jueves santo, el papa Francisco se atrevió a lavar los pies de dos mujeres. Da pena pensar que haya gente que, por semejante cosa, se alarmen tanto. ¿No sería más razonable pensar a fondo dónde está la raíz de los verdaderos problemas que sufre la Iglesia? Y, sobre todo, los problemas que sufre tanta gente desamparada, marginada y sin esperanzas de futuro?
Pues bien, planteada así la cuestión, lo que yo me atrevo a sugerir es que el la raíz de los problemas, que arrastra la Iglesia, no está en la imagen pública que ofrece el papa. La raíz está en la teología que enseña la Iglesia. Porque la teología es el conjunto de saberes que nos dicen lo que tenemos que pensar y creer sobre Dios, sobre Jesucristo, sobre el pecado y la salvación, etc, etc. Ahora bien, como sabe cualquier persona medianamente cultivada, la teología sigue siendo un conjunto de saberes que se han quedado demasiado trasnochados. Porque son ideas y convicciones que se elaboraron y se estructuraron hace más de ochocientos años. Y, como es lógico, en una cultura como la actual, cuando la mentalidad de la casi totalidad de la gente tiene otros problemas y busca otras soluciones, ¿nos vamos a extrañar de que las enseñanzas del clero interesan poco y cada día a menos personas? Yo estoy de acuerdo en que Dios es siempre el mismo. Y no se trata de que la gente de cada tiempo se invente el “dios” que le conviene a la gente de ese tiempo. Nada de eso. Se trata precisamente de todo lo contrario. Se trata de que nos preguntemos en serio si lo que enseñamos, con nuestras teologías y nuestros catecismos, es lo que Dios nos ha dicho. O más bien lo que enseñamos es lo que se les ha ido ocurriendo a una larga serie de teólogos, más o menos originales, que, en tiempos pasados, dijeron cosas que hoy ya sirven para poco.
Termino poniendo un ejemplo, que ilustra lo que intento explicar. En el “Credo” (nuestra confesión oficial de la fe), empezamos diciendo: “Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso”. Eso es lo que enseñó el primer Concilio ecuménico, el de Nicea (año 325). De otros calificativos, que se le podían haber puesto al Dios de nuestra fe, se escogió el de “todopoderoso”, Es decir, si optó por el “poder”, no por la bondad o el amor, que es como el Nuevo Testamento define a Dios (1 Jn 4, 8. 16). Pero no es esto lo que ocasiona más dificultades. El problema principal está en que, si se lee el texto original del concilio, el griego, lo que allí se dice es que los cristianos creemos en el “Pantokrátor”, que era el título que se atribuyeron a sí mismos los emperadores romanos de la dinastía de los “antoninos” (del 96 al 192), que dominaron la edad de oro del Imperio, y se igualaron a los dioses. Ahora bien, el “Pantokrátor” era el amo del universo, el dominador absoluto del cosmos. Una manera de hablar de Dios que poco (o nada) tiene que ver con el Padre que nos presentó Jesús. Y conste que este ejemplo, siendo importante, es relativamente secundario. Sin duda alguna, la teología necesita una puesta al día, que implica problemas mucho más graves que los zapatos del papa. Vamos a intensificar nuestra fe y nuestra esperanza en que el papa Francisco va a dar pasos decisivos en este sentido. En ello, los creyentes nos jugamos más de lo que seguramente imaginamos. zapatos