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La CDF

La Congregación para la Doctrina de la Fe

Popes should reflect Jesus' love for people Recientemente la Congregación para la Doctrina de la Fe (la CDF) ha estado actuando como una nueva Inquisición. Entiende su tarea reafirmando doctrinas tradicionales y silenciando teólogos críticos. Sin embargo, su tarea principal debería ser positiva: el promover el estudio de los avances científicos de nuestros días (1), y el impulsar activamente la inculturación de nuestra fe cristiana, enriqueciéndola con  fundamentos basados en el conocimiento y descubrimiento científico logrados en nuestro mundo moderno (2 ). Esto era lo previsto por el Concilio Vaticano II.

Dada la compleja situación académica de hoy, sólo comisiones internacionales de expertos pueden indicar el camino a seguir. El Concilio Vaticano explícitamente requiere auténticos  expertos (3). Expertos, por lo tanto, que deben ser elegidos independientemente, y en base a sus credenciales profesionales, y no –como sucede ahora– en función del  compromiso  previamente adquirido por sus posiciones, como  sostienen los líderes de la CDF.

Considerando la situación de la Iglesia en el mundo de hoy, al menos tres comisiones independientemente elegidas deberían guiar  a la CDF:
* una Comisión Teológica
* una Comisión Bíblica que no esté sujeta a la Comisión Teológica, y
* una Comisión Científica con expertos en sociología, sicología y otras ciencias  pertinentes.

NOTA 1. “Es tarea de todo el Pueblo de Dios, y especialmente de los pastores y teólogos, con la ayuda del Espíritu Santo, escuchar, discernir e interpretar las numerosas voces de nuestro tiempo, y juzgarlas a la luz de la palabra divina, para que la verdad revelada sea  entendida mejor y predicada con mayor eficacia . . .” (§ 44). “El moderno progreso de las ciencias y de la técnica, que por la fuerza de su mismo método no pueden penetrar hasta la última razón de las cosas, puede favorecer el fenomenismo y agnosticismo… Estos resultados infaustos no se siguen necesariamente de la cultura de hoy, ni nos deben llevar a la tentación de que por eso ignoremos sus valores positivos. Entre éstos se han de enumerar: el estudio de las ciencias y la exacta fidelidad a la verdad en las investigaciones científicas; la necesidad de trabajar conjuntamente en equipos técnicos, el sentido de la solidaridad internacional y la conciencia —cada vez más difundida entre los peritos— de su propia responsabilidad de ayudar a los hombres e incluso protegerlos, y la voluntad de elevar el nivel de vida de todos, sobre todo de quienes sufren la privación de su responsabilidad o la pobreza de su cultura.” Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes § 57.

NOTA 2. “Los recientes estudios y adquisiciones científicas, históricas o filosóficas, plantean nuevos problemas que arrastran consecuencias para la vida y reclaman investigaciones nuevas por parte de los teólogos. Por eso a éstos se les invita a que, manteniendo el método y exigencias propias de la ciencia teológica, busquen siempre el modo más adecuado para comunicar la doctrina con los hombres de su tiempo, porque una cosa es el depósito de la fe o sus verdades y otra cosa el modo de enunciarlas, con tal que se haga con el mismo sentido y el mismo contenido. En el cuidado pastoral convendrá que se conozcan suficientemente y se empleen, no sólo los principios teológicos, sino también las conquistas de las ciencias profanas, principalmente de la psicología y sociología, de modo que también los fieles sean conducidos a una vida de fe más genuina y más madura. En su medida proporcional, también las letras y las artes son de gran importancia para la vida de la Iglesia.”
Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes § 62.

NOTA 3. Por ejemplo, Sobre Liturgia: “Revísense cuanto antes los libros litúrgicos, valiéndose de peritos, y consultando a obispos de diversas regiones del mundo.” Sacrosanctum Concilium § 25, Véanse también § 40 y 44; Sobre las Escrituras: “Los exegetas católicos y demás teólogos deben trabajar, aunando diligentemente sus fuerzas, para investigar y proponer las Letras divinas, bajo la vigilancia del sagrado Magisterio, con los instrumentos oportunos, para una exposición de los divinos escritos”. Dei Verbum § 23.

NOTA 4. “Así como por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un solo Colegio Apostólico, de modo semejante se unen entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los Apóstoles. Ya la más antigua disciplina… como los concilios convocados para resolver en común las cosas más importantes, después de haber considerado el parecer de muchos, manifiestan la naturaleza y forma colegial propia del orden episcopal. Forma que claramente demuestran los concilios ecuménicos que a lo largo de los siglos se han celebrado.” Concilio Vaticano II, Lumen Gentium § 22.